El «Kyvalión» es una obra de la literatura hermética, atribuida a Hermes Trismegisto. Proporciona un marco para comprender la naturaleza del universo y el funcionamiento de la realidad desde una perspectiva esotérica. Aunque es una obra extensa y compleja, aquí os detallo sus principios y algunas conexiones en relación a la felicidad.
El primer principio es el mentalismo. Establece que «todo es mente; el universo es mental». Esta idea sugiere que la mente es la fuerza primordial que subyace a toda la creación y que todo en el universo, incluida nuestra experiencia de la realidad, es una manifestación de la mente universal.
Si pensamos que nuestra mente es como un jardín, cada pensamiento que cultivamos es una semilla que plantamos en este jardín. Si sembramos semillas de amor, gratitud y optimismo, nuestro jardín mental florecerá con flores de felicidad y alegría. Sin embargo, si permitimos que las semillas de la negatividad, el miedo o el resentimiento se arraiguen en nuestra mente, nuestro jardín estará plagado de malas hierbas que ahogarán la felicidad.
Así como un jardinero cuida y nutre su jardín para que florezca, nosotros podemos cultivar nuestra mente con pensamientos positivos y constructivos para crear un estado de felicidad duradera. Al comprender y aplicar el principio del mentalismo, podemos darnos cuenta de que nuestra felicidad no está determinada por circunstancias externas, sino por la calidad de nuestros pensamientos y percepciones. Es decir, nuestros procesos mentales son determinantes en la comprensión y creación de la realidad. Lo que implica que la felicidad comienza en la mente y que son nuestras percepciones y pensamientos los que influyen y determinan nuestra experiencia de felicidad.
El segundo principio es el de correspondencia. Plantea que «como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba». Este principio sugiere que hay una correspondencia entre los diferentes planos de existencia, desde lo más alto hasta lo más bajo, y que lo que sucede en un nivel refleja lo que sucede en otros niveles.
Si aplicamos el principio de correspondencia, podríamos decir, por ejemplo, que la forma en que te relacionas con tu madre (si eres hombre) o con tu padre (si eres mujer) va a influir en la forma en que te relacionas con tu pareja. Lo que experimentamos y aprendemos en un nivel, se refleja en otros niveles de nuestra experiencia. En el contexto de las relaciones, nuestras primeras interacciones y experiencias con nuestras figuras de apego primario influyen en la forma en que nos relacionamos con los demás en el futuro, incluidas nuestras parejas. Por ejemplo, si hemos tenido una relación segura y amorosa con nuestra madre, es más probable que desarrollemos habilidades de apego saludables y una capacidad para confiar y establecer relaciones íntimas y satisfactorias con nuestras parejas. Por otro lado, si hemos tenido experiencias de apego inseguro o disfuncional con nuestra madre, es posible que llevemos patrones de relación poco saludables a nuestras relaciones de pareja.
Nuestras primeras experiencias de relación con las figuras de apego primario van a sentar las bases para nuestras futuras interacciones y relaciones, lo que destaca la importancia de abordar y sanar cualquier herida emocional o patrón disfuncional en nuestras relaciones primarias para cultivar relaciones más saludables y satisfactorias.
El tercer principioes el principio de vibración. Explica que «nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra». Este principio sugiere que todo en el universo está en constante movimiento y vibración, desde las partículas subatómicas hasta las estrellas en el cielo.
Al comprender que todo está en constante movimiento y cambio, podemos adoptar una actitud de fluidez y aceptación en nuestras vidas. En lugar de aferrarnos rígidamente a las circunstancias o expectativas, podemos aprender a adaptarnos y fluir con los cambios que se presentan. Como dicen los budistas, no te aferres a nada, porque todo es pasa, tanto lo bueno como lo malo.
La felicidad puede encontrarse en la capacidad de abrazar el flujo de la vida, permitiendo que nuestras experiencias y emociones fluyan y cambien naturalmente. Al reconocer que todo está en vibración, podemos aprender a sintonizarnos con las vibraciones más elevadas de la alegría, el amor y la gratitud, y permitir que esas energías positivas influyan en nuestras vidas.
El cuartoes el principio de polaridad. Establece que «todo es dual; todo tiene polos; todo tiene su par de opuestos; los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son medias verdades, todas las paradojas pueden reconciliarse».
Este principio nos recuerda que en la vida siempre habrá polaridades y contrastes: la felicidad y la tristeza, el amor y el miedo, la luz y la oscuridad. Sin embargo, este principio sugiere que estas polaridades son interdependientes y forman parte de un mismo continuo.
Desde esta perspectiva, podemos encontrar la felicidad al comprender que los momentos de adversidad y los desafíos forman parte del viaje humano y son necesarios para apreciar y valorar los momentos de alegría y plenitud. La felicidad no es la ausencia de dolor o dificultades, sino más bien la capacidad de encontrar paz y serenidad incluso en medio de las adversidades.
Al reconocer la dualidad inherente de la vida, podemos aprender a equilibrar y armonizar nuestras experiencias emocionales, permitiéndonos experimentar plenamente tanto la alegría como el dolor. La felicidad no es un estado estático, sino más bien un equilibrio dinámico entre los opuestos. La felicidad reside en la aceptación de esta dualidad y en encontrar el equilibrio entre los opuestos, cultivando una actitud de aceptación, gratitud y comprensión hacia todas nuestras experiencias.
El quinto es el principio de ritmo. Nos dice que «todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso, todo asciende y desciende; todo se mueve como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación».
Este principio nos recuerda que la vida es cíclica y está marcada por ritmos y fluctuaciones constantes. Experimentamos momentos de felicidad y plenitud, así como períodos de desafíos y dificultades. Sin embargo, estos altibajos son parte natural del proceso de crecimiento y evolución personal. Son la pulsión natural de la vida, como el latir del corazón, el tránsito del día a la noche, nuestras necesidades de expansión y reclusión, entendiendo que cada fase tiene su propósito y su lección.
La felicidad no es un estado permanente, sino más bien un flujo constante que surge de nuestra capacidad para adaptarnos y responder creativamente a los cambios y desafíos que encontramos en el camino. Al reconocer y honrar el ritmo natural de la vida, podemos cultivar una mayor resiliencia y sabiduría, entendiendo que, por ejemplo, caernos y levantarnos, forma parte de ese pulso vital necesario que nos permite aprender y crecer.
El sexto es el principio de causa y efecto. Establece que «toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa. La suerte o azar no es más que el nombre que se le da a la ley no reconocida”.
Este principio nos dice que nuestras acciones y pensamientos tienen consecuencias, tanto en nuestro mundo interior como en el mundo exterior. Nuestras experiencias de felicidad o sufrimiento son el resultado directo de nuestras elecciones, actitudes y comportamientos.
Si cultivamos pensamientos positivos, actitudes amorosas y acciones altruistas, tendemos a atraer experiencias positivas y momentos de felicidad en nuestras vidas. Por otro lado, si permitimos que el miedo, la negatividad y el egoísmo dominen nuestras mentes y acciones, es probable que experimentemos más sufrimiento y descontento.
Este principio nos anima a asumir la responsabilidad de nuestras vidas y a reconocer el poder que tenemos para crear nuestra propia felicidad. Al entender que somos los arquitectos y constructores de nuestro destino, podemos tomar decisiones más conscientes y alineadas con nuestros valores y objetivos.
También nos invita a ser conscientes de nuestras acciones y elecciones, reconociendo que cada pensamiento y acción tiene un impacto en nuestra experiencia de vida. Al cultivar pensamientos y comportamientos que promuevan la felicidad y el bienestar podemos crear una vida más plena y satisfactoria para nosotros y para los demás.
El séptimo es el principio de género. Plantea que «el género está en todo; todo tiene su principio masculino y femenino; el género se manifiesta en todos los planos de la existencia».
Este principio nos habla de la dualidad presente en todas las cosas: la polaridad masculina y femenina, el yin y el yang, la acción y la pasividad. Nos recuerda la importancia de equilibrar estas energías opuestas dentro de nosotros mismos para alcanzar un estado de armonía y plenitud.
La felicidad no es solo la búsqueda de la alegría y la satisfacción externas (energía masculina), sino también la capacidad de conectarse con la calma y la paz interior (energía femenina). Es la integración de la acción con la contemplación, la expansión con la introspección, la fuerza con la suavidad.
Cuando honramos y equilibramos tanto el aspecto masculino como el femenino dentro de nosotros, nos permitimos experimentar una felicidad más profunda y duradera. Nos volvemos más flexibles, creativos y compasivos, capaces de fluir con los altibajos de la vida sin perder nuestra paz interior. Acción con consciencia . Estética con ética.
El principio de género nos invita a reconocer y abrazar todas las partes de nosotros mismos, tanto las luces como las sombras, para encontrar la verdadera felicidad en la totalidad de nuestra existencia. Nos enseña que solo podemos ser felices al integrar plenamente todas nuestras cualidades y experiencias.
El Kybalión es un texto que, a través de una narrativa críptica y profunda, explora temas relacionados con el conocimiento oculto, la espiritualidad y la filosofía. Aunque su contenido puede parecer misterioso y reservado para iniciados, su verdadero propósito es fomentar el autoconocimiento, el desarrollo espiritual y el crecimiento personal. En mi intento por comprender este texto hermético, he explorado algunas transferencias de sus principios universales al ámbito de la felicidad, ofreciendo consideraciones que nos invitan a reflexionar sobre cómo alcanzar una vida más plena y satisfactoria.